La danza fatua de nuestro amor

A veces, y solo a veces, pasa el tiempo y te puedo olvidar. Mas tu presencia de forma traicionera se cobija en mi sombra, penetra sin previo y recio permiso en los adentros de mi oscuridad. Así crece una ausencia latente del pasado. Un oscuro viaje que navega entre recuerdos marcados, algunos marchitos, otros malditos y alguno especialmente mágico. Mi primer suspiro y el último aliento del fuego.

Vivíamos felices dentro de la fantasía de nuestro hechizo: una aparente complicidad. Eramos confidentes confiados y en ese época convergían dos lenguas. Brotaba entre beso y beso, una nueva conjugación con sus respectivas formas verbales privadas: miradas, besos, silencios… Esos movimientos corporales acicalaban el momento; danzaban entorno a una lengua que moría en otra para renacer renovada. Allí nuestro fuego estaba vivo y era caliente como la vida y dulce como las caricias. Una ardiente compañía que sanaba mi fría soledad y un alma antes gélida se descongelaba. Mi invierno liberaba sus témpanos con una innovadora facilidad ante el inconmensurable y cálido tacto de una falaz estrella: Tú.

Así poco a poco, sacaba los despojos de los “otros” en mi “yo” herido. Construíamos un “nosotros” por fin soñador. Una construcción fugaz de “algo” que huía de lo celeste y aterrizaba en unas coordenadas compartidas y perennes. Jugábamos a construir la morada del Amor donde poder entendernos; pero tras la ruptura se volvió una construcción de incomunicación. En esta torre nueva de Babel imperaba el silencio y las discusiones de seres rotos. Esas disputas estropeaban con su revolución lo que una vez estuvo unido. Así las llamas envolvieron una relación que parecía ser eterna, más prendía con la sencillez de lo efímero.

Con el olor a quemado, este insuperable y aún presente aroma, el tuyo, penetra en una nariz dormida. Tu perfume secuestrado por los eternos arrestos de una vida aún está anestesiada por el amor que vino, impregnó su esencia y se fue. Pero… aún ardo, con o sin tu contacto. Pues mi vida, aunque contigo ha quedado conmovida, debe proseguir para responder a la existencia. Encontraré una nueva posición bailando en la fluctuación del fuego. Me rodearé de esperanzadoress alientos y anhelos incendiarios. Separados y un poco más rotos. Así concluye la danza fatua de nuestro amor, al menos te prometo que serás ceniza en las brasas de mi última hoguera.

#Marc Salvador Queral #Etura #Fuego #Amor #Danza #Relaciones

Publicado por Marc Salvador Queral-ETURA

Persona mortal e irrepetible, humanista, escritor y futuro docente que vive más en el mundo de los sueños y la palabra que en la avenida de la realidad. Últimamente intento aterrizar más mis proyectos. Este blog es un espacio para compartir mis ideas y mi pasión por las letras. Me gustan leer y escribir (menuda sorpresa), el arte de conversar tomando algo, los paseos tranquilos, nadar, los juegos de mesa en buena compañía y echarme alguna partidita a cartas, el cine y las series, capturar algún momento en una fotografía....

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