La fragancia musical del perdón. O esas palabras de cariño que olvidé en alguna profunda herida.

Hoy por fin voy a quererme un poco más. Ya va siendo hora de rescatar este huidizo y anhelado momento. Aquel que huye cobarde cuando me acerco sincero. Estoy cansado de ser un naufrago de heridas en mi océano privado de llantos. Hoy debo emprender un nuevo viaje. Tal vez allí me encontraré olvidado en esa isla paradisíaca: la redención.

No seré más un monstruo que se alimenta de sus defectos y errores. Este alquitranada alimentación de pensamientos se vuelve cíclica y crepuscular. Un retorno ácido y recurrente se avecina en una mente cada vez más marchita. La lluvia constantes de pétalos caídos, ahora secuestrados por vientos grises, me recuerda la nostálgica danza de la primavera. Aquella que se fue tiempo atrás… En un ser que solo encuentra restos de las espinas clavadas, las ramas puntiagudas y las raíces muertas. Aquel cuyos abrazos parecen más puñaladas que el roce de las caricias sinceras entre cuerpos.

Debo dejar de sentirme un espino, para trasladar el aroma del perdón a mi fragancia. Ese perfume que nunca me vi capaz de destilar por mi mismo. Buscándolo de forma equivocada entre el roce con otras esencias. Más el viaje solo me ha llenado de soledad y malos olores. Pero hasta la más bella flor desconoce sus sugerentes adentros. Le cuesta reconocer que puede alegrar una nariz opaca con su mera presencia. Así es de caprichosa la búsqueda de tus propios sentidos Al mismo tiempo, aprendí que hasta el más aciago viento no debería arrebatar la última gota de mi identidad.

Hoy podrán venir mil vendavales, pero yo aún vivo. Por esta sencilla y olvidada razón, me adentro en el gran reto…. Ese mismo individuo marchito ahora debe aprender a cuidar un nuevo brote de ilusión. Si quiero que crezca libre y prometedor lo regaré entre amor, cariño e ilusión. Es difícil: Reconocer que mi interior puede ser el más fértil y cálido terreno si sabes buscar …, pues habita junto a áreas que son plenos páramos, olvidadas ciénagas, oscuros eriales y depresiones infernales. Y saber elegir dónde y qué cultivar, incluso en los momento de debilidad, forma parte de la esencia de la vida.

En este momento, estoy rodeado de tantos colores que la paleta de la vida no deja de sorprenderme. Dejar la escala de grises para los momentos de su necesario teñir, pues toda vida tiene noches en su celeste bóveda. Más policromado es ese vergel de posibilidades que nos facilita la existencia. Cuadro a cuadro, todos existimos entre sutiles pinceladas de momentos. En su conjunto forman escenarios antes inimaginables fruto del goteo colorido de experiencias.

Y recordar que hasta yo puede ser precioso y feliz. La risa aventurera replegará con su eco al anquilosado llanto de mi alma anegada en lágrimas. Dejaré de bucear en opacas y salinas gotas de un oscuro ser, para adentrarme otra vez en la luz que detrás de cada abismo. Ver la sincera y verdad, oculta en los pliegues del odio y las cicatrices: solo soy una persona más. Capaz de crear fantasías y tinieblas, de difuminar en el cielo cantos y llantos, el sútil pero fuerte eco del latido de un corazón o la ruptura de un ser arrojado a la existencia. Y aceptar que oxímoron es mi ambivalente existencia. Entre ambas direcciones eternas y opuestas, parto otra vez a la siguiente búsqueda:“decidir es un paso de mi camino, más que un castigo divino”. Me costo entender que entre segundos marchitos de duda, crece lentamente mi yo aventuro.

Es doloroso aceptarlo: una alma henchida a duras penas y con muchas dudas alcanza la paz. Pero… Entre tantas guerras, me sorprendí de encontrar en mi mismo la ansiada tregua, oculta entre tantas armas clavadas y lacerantes. Esa sencilla solución es fruto de un largo viaje, donde sobreviví moribundo a mis extrañas. Aquellos latidos que actuaban de verdugos y redentores de forma arítmica, ahora reconciliadas se han vuelto música. Ha vuelto a sonar el canto irrepetible de cada vida y es precioso reencontrarse con esa melodía que creía olvidada. Por fin escucho, esas palabras de cariño que olvidé en alguna profunda herida. Se alza así la fragancia musical del perdón.

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Publicado por Marc Salvador Queral (Educación Dialógica SXX1)

Persona, humanista, escritor y futuro docente, sueño con un mundo donde todos seamos iguales, distintos y felices gracias a la cooperación de todos

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